La mañana que no recordé haber vivido
Hay mañanas que se viven en piloto automático: el despertador, el desayuno, la carrera hasta el auto que no arranca. Y hay una voz adentro que repite que no alcanza, que algo se está haciendo mal. Si esa mañana te resulta conocida, no es un problema de organización. Acompaño a mujeres que llegan a ese mismo límite: cuando la autoexigencia deja de sostenerte y empieza a mostrar su verdadero costo. Mi enfoque combina el rigor del psicoanálisis vincular con herramientas que integran cuerpo y creatividad, para reconstruir no la agenda, sino el vínculo con una misma.

Mi historia
De la exigencia a la soberanía
Hace dos años, una mañana como cualquier otra, sonó el despertador. Desayuno, mochilas, apurar a los chicos para la escuela. El auto no arrancaba y salimos corriendo a buscar un remís. En mi cabeza, una voz que ya conocía bien: "sos una tonta, lo hacés todo mal, esto te pasa por no haberlo llevado a tiempo." Después, un salto. Estaba en mi escritorio, en el consultorio, y no sabía bien cómo había llegado hasta ahí. Me costó unos minutos reconstruir la mañana: ¿había saludado a mis hijos? ¿había dejado la carpeta en la escuela? A ese escritorio no llegué de casualidad. Detrás había un camino elegido con convicción: clínica desde 2013, coordinación de grupos desde 2010, una diplomatura en Psicoanálisis Vincular en AAPPG entre 2021 y 2024. Un camino que amaba — y que, sin embargo, no alcanzaba a sostener todo lo demás. Tenía un papel sobre el escritorio. Con una mano tocaba el borde, una y otra vez. Con la otra sostenía mi cabeza. Y ahí, sin pensarlo, escribí: "¿Qué estás haciendo con tu vida?" Los ojos se me llenaron de lágrimas. Y ya no hubo vuelta atrás. "Me perdono por haberme recortado para pertenecer." Esa frase, repetida meses después en una sesión de trabajo personal, terminó de abrirme una puerta. Volví a casa y busqué la guitarra que llevaba tiempo guardada. Dejé que los dedos recorrieran las cuerdas hasta encontrar el fa, mi nota favorita. Desde ese día no paré: hoy toco con mi banda las canciones que compuse en soledad, y hay gente que elige escucharlas. Con el tiempo, integré también lo artístico a mi práctica clínica, retomando el cruce entre música y proceso emocional que ya había explorado en mi tesis de grado. De esa unión nació el nombre Psicocreativa. Hoy acompaño a mujeres que reconocen esa misma mañana: la de correr sin saber bien hacia dónde, y sentir que algo pide, con urgencia, ser escuchado.
Mi enfoque terapéutico
Herramientas y pilares que sostienen el proceso
Psicoanálisis Vincular
Trabajamos tu mundo interno e historia, y cómo tus vínculos y entorno, moldean tu presente.
Soporte Somático
Utilizo herramientas específicas (EMDR, EFT y regulación somática) para procesar el estrés y el trauma, para una regulación profunda del sistema nervioso.
Creatividad
La uso en talleres como medio para acceder a lo inconsciente y desbloquear nudos que la palabra, a veces, no alcanza a transformar.
Base Clínica
Cada intervención tiene criterio profesional sólido. Priorizo un encuadre serio, científico y consistente, para una transformación real y sostenible.
Comencemos tu camino juntos.
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